EL MAL

Consigna: Texto relacionado con la novela de Stevenson “El misterioso caso del Dr. Jekill y Mr. Hyde”.

La maldad en Mr. Hyde es fría. Cualquier atisbo de compasión o comprensión hacia los demás es imposible; carece totalmente de empatía y, desde luego, de sentimiento de culpabilidad. Parece lo que hoy en día llaman psicópata criminal; digo esto último con reservas ya que no tengo conocimientos de psicología. Sin embargo, pienso que, esta característica tan propia del ser humano, tiene muchos más matices; no posee un único rostro, si no muchos.

En primer lugar, se halla la peculiar la imagen de Mr.Hyde. Todo aquel que lo ve lo describe como alguien muy desagradable, incluso repulsivo. De Mr. Hyde, debido a su aspecto, ya se sabe que sólo cabe esperar acciones horrendas. Sin embargo, la experiencia nos muestra que no siempre las actitudes malignas se presentan en entornos o individuos detestables; en muchas ocasiones, llegan a través del engaño, parecer una cosa y ser otra muy distinta. Una apariencia angelical puede traer consigo algo terrible. Leer el resto de esta entrada »

LAURA

Era una noche de otoño, algo fresca, oscura -las estrellas se escondían tras las nubes, la luna era casi gris-. Laura, tras un día agitado, anhelaba tranquilidad. Preparó un café que tomó a lentos sorbos alternando la mirada entre la televisión y la ventana; una incipiente lluvia mojaba el nocturno paisaje urbano. Llamó a Luis por teléfono. Tras una breve conversación, colgó con un golpe seco. Luis no vendría y no estaba segura de que aquello le molestara. Su relación con la soledad era contradictoria; la había buscado y deseado; aunque ahora en ocasiones le angustiaba, la odiaba. Cambió de canal varias veces. Se recostó cómodamente en el sofá. Observó distraída durante algunos minutos a las personas que hablaban desde la pantalla. Después, cerró los ojos –el ruido de la televisión era ya sólo un murmullo incomprensible, ahora la lluvia golpeaba con fuerza los cristales- y enseguida el sueño acudió.

Sin embargo, a los pocos minutos despertó sobresaltada. Oyó un maullido áspero y vio a un gato negro correr bajo el aguacero. El escalofrío, íntimo, eléctrico, le recorrió el cuerpo. Desde el televisor una mujer Leer el resto de esta entrada »

MARINA

Marina jugaba en el jardín de la casa de la playa. Le gustaba entretenerse con las piedras, hacerles resbalar por su mano, lentamente, oír el ruido sordo que producían al caer al suelo. Dentro de la casa los padres discutían. Marina escuchaba sus gritos pero no entendía lo que decían, por la distancia, aunque no sólo por eso. A veces le parecía que el mundo de los adultos era incomprensible, un enigma que no le apetecía desentrañar; prefería sus juegos. La madre la llamó para el desayuno. En un primer momento, se quedó quieta; pronto se percató de lo inútil de su actitud, no quería ir pero debía hacerlo. Se acercó a la casa, muy despacio. Ya en la puerta le llegó el olor del café. La discusión había cesado. Su padre tomaba café, con el rostro agrio y los modales bruscos; la mirada de su madre era triste, perdida en alguna parte, lejos de allí. Ya no habían gritos pero tampoco palabras. Se encontró con una violencia muda y quieta.

Antes de comenzar a explicar esta historia es necesario que comente un aspecto muy importante de mi personalidad. Cuando terminen de leer es posible que no lo crean pero mis actos y creencias siempre han sido conformes a la lógica y a la razón. Quizás por ello soy ingeniero. Mi mente se concentra en lograr los objetivos previamente marcados. No me gustan las fantasías, ni tampoco los sentimentalismos; pero lo que más detesto es lo absurdo, lo que desborda las leyes de la lógica y campa por la más absoluta anarquía. Por eso mis relaciones con los demás son, desde hace mucho tiempo, escasas; en ellas siempre he hallado mucha irracionalidad, y también mucha incomprensión; en el fondo, nadie puede entender a otro ser humano. En el contacto con los demás invariablemente hallamos dolor; hasta la madre puede hacernos daño, aunque sea sin querer.

Mi relato empieza unos minutos antes de abrir los ojos, tras largo rato manteniéndolos cerrados. Me hallaba profundamente cansado, sumido en el desánimo Leer el resto de esta entrada »