EL MAL

Consigna: Texto relacionado con la novela de Stevenson “El misterioso caso del Dr. Jekill y Mr. Hyde”.

La maldad en Mr. Hyde es fría. Cualquier atisbo de compasión o comprensión hacia los demás es imposible; carece totalmente de empatía y, desde luego, de sentimiento de culpabilidad. Parece lo que hoy en día llaman psicópata criminal; digo esto último con reservas ya que no tengo conocimientos de psicología. Sin embargo, pienso que, esta característica tan propia del ser humano, tiene muchos más matices; no posee un único rostro, si no muchos.

En primer lugar, se halla la peculiar la imagen de Mr.Hyde. Todo aquel que lo ve lo describe como alguien muy desagradable, incluso repulsivo. De Mr. Hyde, debido a su aspecto, ya se sabe que sólo cabe esperar acciones horrendas. Sin embargo, la experiencia nos muestra que no siempre las actitudes malignas se presentan en entornos o individuos detestables; en muchas ocasiones, llegan a través del engaño, parecer una cosa y ser otra muy distinta. Una apariencia angelical puede traer consigo algo terrible. Leer el resto de esta entrada »

Nunca bajar al parque

Consigna: Tomar el texto en cursiva e incluirlo en un relato extenso pero no en un bloque. Es decir que el narrador (que puede ser distinto) va a ser un narrador distraído y por tanto al contar esta anécdota va a inflar y desinflar los hechos de este relato previo a través de constantes digresiones. El texto en cursiva será un esqueleto “ahogado” por el narrador. El texto se irá por las ramas pero tendrá principio y fin.

Se levantó tarde, pero nadie se extraño. Todos sabíamos que las noches de luna llena le costaba dormir. Se dio una ducha y se puso su ropa de fin de semana. Cuando bajó, la cocina estaba desierta. Los tazones en la mesa y la caja de galletas abierta eran los únicos indicios de que el resto de la familia ya estaba despierta. Se tomó el café despacio saboreando el aroma y el silencio. Seguramente Javier llevó a los niños al parque. Terminó el desayuno y recogió la cocina. Subió al dormitorio, abrió la cómoda, sacó la pistola y se pegó un tiro.

Nunca bajar al parque

La verdad es que podría hablar de ella durante horas, ¿sabe?. Hablar de su manía de mirarse en los espejos y acariciarse en el cristal, hablar de los cuentos que escribía para los niños, de su vicio de morderse las uñas, de sus calcetines de colores… Leer el resto de esta entrada »

MARINA

Marina jugaba en el jardín de la casa de la playa. Le gustaba entretenerse con las piedras, hacerles resbalar por su mano, lentamente, oír el ruido sordo que producían al caer al suelo. Dentro de la casa los padres discutían. Marina escuchaba sus gritos pero no entendía lo que decían, por la distancia, aunque no sólo por eso. A veces le parecía que el mundo de los adultos era incomprensible, un enigma que no le apetecía desentrañar; prefería sus juegos. La madre la llamó para el desayuno. En un primer momento, se quedó quieta; pronto se percató de lo inútil de su actitud, no quería ir pero debía hacerlo. Se acercó a la casa, muy despacio. Ya en la puerta le llegó el olor del café. La discusión había cesado. Su padre tomaba café, con el rostro agrio y los modales bruscos; la mirada de su madre era triste, perdida en alguna parte, lejos de allí. Ya no habían gritos pero tampoco palabras. Se encontró con una violencia muda y quieta.