Polixena era tan bella que Ulises había soñado que escribía su nombre, con el dedo, en la arena del túmulo de Aquiles. Tan bella que el propio Aquiles había muerto en una emboscada por la esperanza de su amor.Ulises siempre había sabido que la verdadera libación consiste en derramar algo noble; que más que por la pérdida, el sacrificio pasa por la renuncia dolorosa a algo, negando su consumo a los hombres. Tras saquear Troya y en honor a Aquiles, Ulises había propuesto sacrificar a Polixena sobre la tumba del héroe rubio.
En la mañana rosada, la garganta de la virgen arrojó una sangre tan pura como negra. Ulises suspiró: el nombre soñado en la arena se borró a borbotones mientras ella, al desplomarse, intentaba que la forma de su cuerpo mantuviera, en su caída y para siempre, las maneras de una dama.