Con motivo del 35 aniversario del taller literario del profesor Nicolás Bratosevich (Buenos Aires, Argentina), reproduzco la nota editorial que escribí hace diez años en la revista de la Asociación Internacional de Talleres de Escritura Creativa.
“Escribir una nota comentando los 25 años que ha cumplido el Taller Literario del Profesor Nicolás Bratosevich, en Buenos Aires, Argentina, constituye para mí un acto de enorme alegría y agradecimiento.
Mis inicios en su taller se remontan al año 1976 (casualmente cuando se instauraba en la Argentina una de las dictaduras más sangrientas y desestructurantes de la que todavía sufrimos secuelas internas y externas -y esto viene muy a cuento, sin intención de coquetear con lo panfletario-) en uno de sus grupos para adolescentes. Yo ingresaba tímidamente y con curiosidad (de la mano, entre otros, de la lectura de Julio Cortázar) a la literatura como ejercicio de creación. Las distintas casualidades que me llevaron a tener una entrevista con Brato (como todos le llamamos) fueron uno de esos hechos mágicos que nos revelan la posibilidad (sin más ni menos). ![]()
A lo largo de diez años de participación en su taller pasé por distintos grupos y niveles. En los peores años de la dictadura militar, el ámbito del Taller (como tantas otras experiencias y trabajos) constituía para los represores un potencial foco subversivo y de resistencia, que Brato (con los riesgos que para él, en primer término, representaba) supo conducir con una ideología (en tanto visión del mundo) basada en el respeto, la creación de ámbitos y experiencias grupales e intergrupales de crecimiento literario y personal, sintiéndonos todos seducidos por las múltiples posibilidades de la literatura y cada uno eligiendo libremente su propia forma expresiva.
Su mayéutica era impecable. Su generosidad e ingenio nos permitió, entre otras cosas, formar un grupo autocoordinado (su supervisión podía ser solicitada periódicamente por nosotros mismos), llamado Gabinete, en el que participamos integrantes jóvenes de distintos grupos del taller y compañeros de otras áreas (pintura, teatro, fotografía, cine, etc.) en una experiencia que no pudo finalmente plasmarse en su totalidad por nuestro propio desborde creativo y las circunstancias sociopolíticas coyunturales (últimos años de la dictadura). Brato, en lo que considero un esfuerzo y un acto de respeto absoluto a la libertad de trabajo con la que nos había convocado, asistió (creo que con pena pero comprensión) a nuestro desborde, pero al mismo tiempo nosotros pudimos asistir a una experiencia creativa solidaria en equipo sin más límites que los de nuestra propia imaginación. Su rol de coordinador era el de una guía, una escucha permanente, una capacidad para comentar los textos como si no lo estuviera haciendo y siendo a su vez positivamente implacable, el de generar el espacio y el tiempo en su exacta medida para que todas las opiniones fueran consideradas, y el de trabajar práctica y teoría, lectura de textos de la producción grupal y de textos de escritores/as clásicos y contemporáneos, de manera rigurosa y lúdica, y el hecho de proveer consignas de trabajo producto de una imaginería y oportunidad asombrosas.
Cada uno de mis compañeros de taller habrán recorrido en estos últimos diez años distintas rutas y habrán incorporado esta experiencia de múltiples maneras. En mi caso particular, llegué a Barcelona hace casi seis años y, después de haber hecho mi propio proceso, he decidido dedicarme a la literatura con total entusiasmo tanto en el ámbito de la coordinación de grupos de taller literario, aprovechando mi formación y capacidad docente, como en el ámbito de la escritura, y en este punto me gratifica redimensionar en Brato su capacidad como coordinador, como docente, como escritor y como persona.
La revista OjO x Hoja que, luego de veinticinco años de trabajo ininterrumpido junto con un equipo de excelentes colaboradores, comienza a editar su taller, es una muestra cabal de la calidad y el nivel de uno de los talleres con más andadura en Buenos Aires, y cuya lectura considero indispensable para todos los coordinadores y talleristas que hagan de esta actividad un trabajo honesto y de crecimiento.
Quiero finalizar esta nota agradeciendo desde aquí todo lo que Brato me ha brindado y sobre todo felicitarlo por contribuir, con esa forma tan suya, a que la literatura sea uno de los más dignos ejercicios de la libertad.”
Gustavo H. Crespo